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Sobre la patafísica de las malas costumbres

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Sobre la patafísica de 
las malas  costumbres

Política

Diciembre 07, 2020 07:08 hrs.
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Por Jesús Delgado Guerrero

Con o sin pandemia de por medio, la civilización sólo puede sobrevivir si se impone como misión rechazar y combatir con energía toda moralidad altruista, según se desprende de novelas asumidas como manuales filosóficos de la (a) moralidad o de la acción de seres con ’amplia visión del mundo’, ahí donde los héroes del individualismo aseguran no tener conflicto de interés entre ellos porque son ’seres razonables’ (ajá).
La cooperación y el altruismo son, pues, las ideas más anti-económicas que se hayan deslizado, según diversos estudiosos, aunque en momentos pandémicos, de estallidos y fraudes económicos y financieros se pretenda echar mano de recetas de economistas difuntos (los aborrecibles esqueletos estatales keynesianos), mismas que tienen como víctima final al contribuyente.
La pugna del ’héroe’ es y debe ser siempre contra la masa ignorante y contra toda la sinecura improductiva de la burocracia y de la sociedad que, por supuesto, incluye a intelectuales y a todo ese amplio sector dedicado al ’ocio creativo’ (un atentado al derecho a la pereza).
’¿Alguien habló de guías éticas para transformar al país? ¿Cómo se come eso?’, se preguntan los epígonos de Ayn Rand, A. Von Hayek y demás.
Ante estos desplantes, el poeta francés Houellebecq tenía razón: antes que ciencia, la economía constituye un gran misterio (igual la política), algo semejante a la patafísica del Doctor Faustroll (de Alfredo Jarry), esa ciencia de las soluciones imaginarias que no se propuso otra cosa que, obvio, diseñar soluciones igualmente imaginarias (y disparatadas), estrechamente conectadas con el Surrealismo de André Bretón.
En la ciencia de lo imaginario, como en economía y en política, se busca eternizar la utilidad de lo inútil; lo absurdo es elevado a rango de verdad real y hasta se fundan colegios y universidades para teorizar sobre lo que está más allá de la física y de la metafísica, teniendo a la persona como pantalla de sus intrigas.
Un tema muy complejo si se toma en cuenta, por ejemplo, que los vecinos del profesor Kant no tenían problemas para saber la hora pues todo se resumía a un asunto de costumbres y deberes: los pasos del encorvado catedrático hacían de manecillas, del mismo modo que hoy el ciudadano puede saber qué tipo de héroes de lo individual y sus costumbres presiden la economía razonable, especialmente cuando éstos acumulan fortunas por no pagar impuestos, despiden personal de sus empresas sin reconocer antigüedades pero, eso sí, se disfrazan de filántropos dizque regalando dinero, publicitándose además en redes sociales como seres magnánimos (abundan en Mexico y en el mundo), supuestamente preocupados por la suerte de los otros.
El código amoral como un mal chiste, esto nada tiene que ver con el triunfo del humor en estado puro y pleno de José Guadalupe Posadas, según el surrealismo de André Bretón, salvo la semejanza con La Catrina, la famosa Calavera Garbancera, sátira de la aristocracia sátrapa y ladrona que acompañaba a Porfirio Díaz.
En tales condiciones no es de extrañar que en esta épocas cualquier mención de conceptos como ’ética’ o ’moral’ en la vida pública cause escozor.
La doctrina del ’Sé fiel a ti mismo’, como postuló Rand, permite identificar no sólo diferencias entre el ’valor económico’ y el ’valor moral’, sino las patafísicas malas costumbres de quienes no están satisfechos con lo que an medrado, sino que buscan más. Es el cálculo sobre el comportamiento.


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